La cueva de las prímulas

Foto: Pinterest Universo conectado

La comandante Damaris Golotska Cano, exobióloga, doctorada en ingeniería espacial, fue la elegida. Malo, malo, elegidos, pioneros, siempre se habla de sus hazañas y del como murieron. Las señales provenían de territorio inexplorado, cerca del mar invisible, en la superficie de la luna. Todo dejó de funcionar, lo peor, las minas de hielo, en los polos del satélite, fueron vampirizadas por la humanidad, una década atrás. Las montañas de dinero que producían eran solo superadas, por la cuota de poder que procuraban, de la luna dependían todas las exploraciones y negocios, en los planetas exteriores. El hambre seguía royendo tripas, abajo en la tierra, el hambre alimentaba cohetes, que iban a la luna, la luna piedra angular, que sostenía la sumisión de todo el sistema solar a las corporaciones. Subyugar, ganar, expropiar al universo, y hacerle cortes en las muñecas, pero todo se detuvo el día de las señales. Damaris, mujer de ciencia, de indudable fidelidad, capacitada y entrenada para abrir cualquier senda en el espacio inexplorado. Las juntas directivas coincidieron, con la elección de la inteligencia artificial, una mente cuántica, conocida como “Trinidad”, ya imaginarán. Trinidad, decidió que Damaris fuese enviada al foco de la anomalía, el punto de inicio donde se inició la rebelión de la luna, y así la llamó, misión “Luna insurrecta”.

La comandante Damaris Golotska Cano, había representado un valor seguro, iba por libre, trabajadora autónoma, solicitada por las corporaciones, genio de genios. Ella señalaba, las máquinas y la codicia acudían. Así había sido en la última década, pero Damaris soportaba a duras penas, un tiempo despertando entre sábanas empapadas. Sueños que la llamaban, de lo profundo del espacio, y tiraban de su mente racional, se presentaban en su conciencia sin avisar. Damaris despertó una noche, los labios mojados, enamorada, algo que amaba y desconocía, creyó estar loca, estuvo cerca de solicitar evaluación, pero desistió, sentía que los sueños eran su propósito. Cuando fue reclamada para “Luna insurrecta” se estremeció, vaciló, el instinto, la curiosidad, las noches de vigilia, la extraña sensación de amor, todo era confuso. Fue puesta al día, se reunió, los pretextos de la civilización, de la exploración, del salto de la humanidad a una especie cósmica, le rayaban el hígado. No pudo soportarlo, la sangre en los nudillos, las manos aferradas al reposa brazos, los miró a todos. Treinta caras de la misma moneda, hombres, mujeres, viejos, jóvenes, basura espacial. Arrugó el contrato entre sus dedos. Encendió un cigarrillo, una luz anaranjada se encendió, en las molduras de plata insertadas en el techo de la sala de reuniones. Estaba prohibido fumar en la estación de control, el lugar donde residía la aristocracia ejecutiva. Ella exhaló, lentamente, con sumo placer, las caras pálidas de ira, de temor, de estupefacción, la tiroteaban sin éxito alguno.

  • Sois un montón de mierda avariciosa, carroñeros, la fábrica se ha parado, y es todo lo que importa. La humanidad os la trae, no estáis ahí sentados por humanidad. Se pudren por millones ahí abajo, hacinados en la tierra, y les pueden dar ¿Verdad? –

No pronunció la frase, la escupió con desprecio desbordando a mares, el límite de sus párpados. Sus bonitos ojos negros, brillaban de satisfacción. Se levantó y firmó su contrato, su figura espléndida, salió de la sala con parsimonia. Triunfante, abrió la puerta y dejó atrás un montón de tripas rechinando, con la tensión arterial acercándose al colapso, odio. Pudo haber ido a la cárcel, pero “Trinidad”, la inteligencia artificial, no daba probabilidad de éxito en la misión a nadie excepto a la comandante Damaris. El montón de mierda, se tragó la ira, el orgullo, y se habrían tragado un universo entero de estiércol, si hubiera sido necesario para que el dinero y el poder volvieran a fluir, aunque todos en el interior de sus tripas juraron venganza. La arrogante comandante, terminaría pudriéndose en una cárcel, una zorra rebelde, merecía morir de la forma más cruel. Exprimir y castigar, su sentencia estaba sellada y la muy estúpida ni lo imaginaba.

Damaris partió sin retraso alguno, “Trinidad” era su segundo de a bordo. La acompañaría en el viaje a través del océano de las tormentas, la gran explanada lunar, que las llevaría hasta el origen de la señal. El viaje transcurría en silencio, Damaris atendía a las lecturas de los sensores, la señal que recibían se perdía en el límite de la zona explorada del arenoso océano. La mayor parte del satélite seguía inexplorado, la ambición no financia expediciones, que no reporten beneficios. “Trinidad” fracasó en todos los intentos de forjar afinidad durante la travesía, ninguno de los hologramas diplomáticos que inició logró crear un vínculo empático con la científica. Finalmente, ante la insistencia de la Inteligencia artificial, Damaris aceptó la inapetente charla de “Trinidad”, imponiéndole una condición.

  • Ok tú ganas, puedes cotorrear hasta llegar a la señal, pero quiero que adoptes la forma holográfica de un oso polar, tengo derecho a pasarlo bien ¿No crees?

Lo cierto es que “Trinidad” supo adaptarse bien los deseos de la comandante, y el tractor lunar, con sus dos ocupantes, un oso polar y un oficial científico, fue acercándose a su objetivo, en medio de una animada charla. Llegado un momento, la comandante decidió hacer una pregunta, al oso polar, algo que la tenía un tanto desconcertada.

  • Quiero que me digas algo ¿por qué después de mi numerito ante el consejo corporativo, seguiste recomendándome para esta misión?

 “Trinidad”, emitió un sonido parecido al carraspeo de una garganta humana.

  • Nadie tiene tus aptitudes. – Damaris no pudo evitar una sonrisa.
  • Los osos polares no mienten, puedes engañar a la panda de imbéciles de aquella sala, pero hay otros tres oficiales, que podrían haberme sustituido.
  • ¿Por qué te rebelaste? ¿por qué en aquel momento?

Damaris, presintió que algo no funcionaba bien en “Trinidad”, al escuchar una pregunta que apuntaba directo a sus sentimientos más profundos. Una mente artificial, podía hacer miles de millones de cálculos en un segundo, pero eran torpes con lo abstracto. Decidió seguir por esa vía, y comprobar a donde le llevaba.

  • Me rebelé por un sueño, hace semanas que un sueño no me deja dormir.

Tras largos segundos en silencio, “Trinidad” respondió, su voz parecía afectada.

  • ¿También tú te despiertas enamorada en mitad de la noche?

La comandante sintió su piel erizarse ¿Aquella máquina, podía haber calculado la posibilidad de que un sueño hubiera perturbado su conducta, o aquel extraño sueño afectaba también a la red biocibernética de su mente cuántica?

Las alarmas de proximidad saltaron, antes de poder llegar al fondo de aquella conversación. La señal que seguían, se hallaba en la orilla más alejada del océano de las tormentas, pero habían llegado a su destino. La comandante Damaris, se enfundó el traje espacial, no podían seguir con el tractor, los sensores indicaban la cumbre de una colina, debía dejar la seguridad del transporte y llegar a pie. “Trinidad” le deseó suerte, de una manera inesperada.

  • Espero que encuentres lo que buscas, sé que lo que nos ha despertado, está ahí arriba, ahora es cosa tuya.

¿Se puede abrazar a una inteligencia artificial? ¿Sirve de algo? Damaris se conformó con abrazarla mediante una mirada. Tras unos metros de marcha, en un ojo de buey del tractor lunar, el rostro triste de un oso polar la observaba.  Caminar por la luna seguía siendo una experiencia tántrica para Damaris, algo que la había hechizado desde su primer paseo lunar. La superficie de la luna, está cubierta por polvo estelar, intacto durante millones de años, debido a la falta de elementos que puedan erosionarlo. Caminar la sobrecogía con una sensación única. Era como tocar la eternidad, todo su ser formaba parte de algo inextinguible, se sentía inmortal y por ello todo el sufrimiento de su fugaz humanidad, quedaba diluido en esa sensación. Estaba en buena forma física y aquella colina, no suponía un gran esfuerzo. Llegó a la cumbre en pocos minutos, desde allí veía aún con claridad el rostro del plantígrado blanco, pegado al cristal del ojo de buey. El corazón, tronaba, un martillo golpeaba, una campana reverberaba en su caja torácica, curiosidad, quizá, un cosquilleo en el estómago, como una primera cita. Se dio cuenta que caminaba sin atender al receptor de la señal. Ella era el sensor. Nervios bamboleando la sangre en las arterias, sensación continua de balsámico vómito, agarrada a la tráquea. Los pasos superaron la cima de la colina, y la guiaron hacia la vertiente nocturna, hasta ahora había viajado bajo el amparo solar. La frente perlada de minúsculas gotas de sudor, sus ojos brillando como dos estrellas más, y por fin todo se detiene, ha llegado.

La comandante suspiró, alivio de gran cauce que ha llegado al mar. Se hallaba a unos metros de la entrada de una caverna, no necesitaba comprobar la intensidad de la señal en los sensores. Le bastó escuchar el latido de su ser, sincronizando la señal y sin dudarlo se encaminó hacia la entrada de la cavidad. Una cueva es algo insólito en un lugar dónde hace eones, que nada escarba la roca. Una cueva iluminada de forma incomprensible por una luz atenuada pero firme, es simplemente algo, no sólo inexplicable, roza la magia o el milagro, en un mundo donde no existe vida, que no provenga del exterior. La mente científica de Damaris, lo atribuyó a la posible reacción de algún mineral hasta entonces desconocido adherido a las paredes de roca. Avanzó, se internó por la cavidad que parecía serpentear, hacia el mismo corazón del satélite. Quizá fueron cien metros, o puede que mil, y al doblar un recodo angulado en exceso y tan estrecho que temió desgarrar su traje, la magia lo inundó todo.

Una agujero en la roca, de unos quinientos metros de alto por otros tantos de ancho, cubierto por completo de un manto de prímulas, flores, pequeñas florecillas perennes, infinidad de colores, y pétalos fosforescentes, úteros llenos de vida. Asombro, fuegos artificiales en sus labios, lágrimas como copos de nieve, aquel amor que fue a buscarla en sueños, a millones de kilómetros de distancia, estaba ahí. Miles de millones de prímulas, mecidas por una brisa imposible, había brisa, había aire, no lo pensó, no temió por su vida, y se quitó el casco.  Respiraba, gritó su nombre, cantó una pequeña estrofa de una canción infantil, preguntó por el pequeño príncipe, y nunca dudó de su cordura. Su piel se fue cubriendo de pequeña esporas luminiscentes, pensó en comunicarse con “Trinidad”, no había señal. Pensó en “Trinidad”, un alma atormentada, quizá más humana, que los tarados que la habían enviado allí. Recordó su misión, y al instante la prímulas hablaron, lo hicieron sin voz, navegaban en su cuerpo a través de la esporas.

<<Hola Damaris, has llegado por fin, el amor tiró de ti >> ¿Qué sois? << Materia, átomos, igual que tú>>, <<El tarado debe perecer, la humanidad florecer>>, << se acabó matar el alma de la luna, el alma de todo, se acabó romperle las tibias al hielo lunar>> ¡Lo sé y no me importa! << Por eso estas aquí, queremos que veas>>, <<El tarado debe perecer, la humanidad florecer>>, repetían. Las pupilas de la comandante adquirieron un tono púrpura, un aura de luz emergía de su cuerpo, y durante unos instantes, atónita y superada por la visión, quedó extasiada, al contemplar la revelación que le ofrecían las prímulas. Logró visualizar la red que une a toda la materia, cada átomo, conectado al otro, cada flor a otra, y a través de esa unión, todo con todo, incluso con la roca, el aire, absolutamente todo. Una infinita y enorme red que se expandía sin fin, hasta los límites del universo. Así durante un tiempo de duración indefinida, logró tocar con suma intensidad al amor. Existía en algún lugar de aquella infinita red, un amor que dejó atrás, que creyó perdido, y seguía vivo. No necesitó más, las prímulas guardaron silencio. Su misión no había concluido, empezaba en aquel preciso momento. Se puso el casco y se preparó para lo que había de venir.

Minutos después cuando la comandante Damaris, aun conmocionada por cuanto acaba de vivir, entraba en el interior del tractor, “Trinidad” que seguía con su ridículo aspecto de oso polar, le dijo.

  • Lo he visto todo, también soy un ser vivo, vi el amor- Su voz vacilante, no correspondía en absoluto a la de un frio y calculado algoritmo- ¿Y ahora qué? – parecía aturdida.

La piel de Damaris emitió un breve destello, reconectada a toda la materia existente, miro a los ojos entristecidos del plantígrado.

  • “El tarado debe perecer, la humanidad florecer” ya lo has oído – ¡Venga tenemos un amor que encontrar, anima esa cara de oso triste o cambia a otra, hay trabajo que hacer!

El tractor lunar, puso rumbo a la estación de control, las cosas iban a cambiar, y todo empezaría aquí en la Luna, se acabó romperle las tibias al hielo.

Mik Way. T ©

Bueno otro chivatazo del calamar Lunar, ésta historia parece que la vivió de cerca, ya me contaréis que os parece, ese calamar puede que desvaría un tanto, pero no puedo evitar escucharle y escribir lo que tiene que contarme.

19 respuestas a “La cueva de las prímulas

    1. Si, jajaja este tipo de relatos, disfruto mucho escribiéndolos, indago sobre el estilo, e intento dejar volar la imaginación, el calamar es de gran ayuda para eso. Gracias por comentar Un abrazo Mamen¡¡¡✨✨✨🌹🌹🌹🌹🎁🎁🎁😘

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  1. Está bueno el relato Mik. Me gustó la imagen del oso y la científica en la luna. El calamar se dió vuelo con esta historia. ¡Te mando un abrazo!

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    1. Hola ana, un poco delirante, pero me dejó satisfecho para solo una sentada, imagínate, que me vino la imagen de la comandante y el el holograma del osos Polar, volviendo a la base para comenzar la revolución, una segunda parte ya veremos, Muchas gracias por leer y comentar. Un abrazote ¡¡¡¡

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    1. No lo leí pero de cabeza me lanzaré a bucear en esas aguas, viniendo de ti una recomendación, se me caen las estrellas en la cabeza si no la sigo. Gracias ¡¡¡¡¡¡ Si te digo que empecé a escribir éste solo por la fonética de la palabra prímula, escuchada en momento concreto, y tirando de ella me sale la luna. y toda esa red de conexión de la materia, y el resto, es raro, como sale a veces el acto de escribir, la facilería huyó de mi, y las rucas se pusieron a escribir jajajja

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  2. Buenos cuentos muy buenos…
    Admiro el arte de narrar en tiempos pretéritos sin conciencia de laborar un entramado narrativo ficticio era una de las mejores cuentistas de la primaria de los años 80… Sopena el arte dentro de la escolarización primaria estatal en tiempos de Unión cívica radical. Se disolvía con demandas del rígido cumplimiento ortográfico memorístico y meritorio de asistencia perfecta en actos escolares qué en fin de semana invitaban a madrugar con escarapela y parientes sin venados acuestas

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    1. Los disfrutas??, Joroschó, bueno me puse a leer de nuevo el reencontrado, y de nuevo me lleno la quijotera, de esa maravillosa obra, que le prende fuego a la imaginación porque la suelta del dia a dia¡¡ y echa a correr como gamo ¡¡

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  3. Me encantaron las descripciones, el relato en general. Lo de la conversación que mantienes con Lunfa es bestial. ¿Cuán cultos sois los dos? Me maravilló casi más leeros los comentarios que el relato…

    A sus pies, for ever

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    1. Bueno Lunfa es un genio, ella si es un personaje muy culto, si sigues su blog, no tiene desperdicio, reseñas de literatura que pueden ser muy de provecho, y sus recomendaciones de lectura inapreciables, lo mío es pura inercia desde su sombra, el relato, me alegra que te guste, le falta una segunda parte, y una revisión, sobre todo lo segundo, gracias por la lectura Ángel y por el comentario, Saludos¡¡

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