Verano del 81, y algún verano más.

Zdzislaw Beksinski

Día de evaluación semanal, estoy diagnosticado como paciente con cuadro de esquizofrenia paranoica aguda. Hay un informe de tres páginas que describe con detalle mi cuadro. Mi cuadro lo habría pintado al detalle el malogrado Zdzislaw Beksinski, el pintor de pesadillas. Él sabía mucho más de la oscuridad, que cualquiera de las batas blancas que me tratan ¡Necios! No conozco toda su obra, pero ver uno de sus cuadros, indica que no estoy solo, que hay otros como yo. Cuento tres años encerrado, en un centro para pirados, alta seguridad. Manzanas que no quieren ni los gusanos. El mundo no sabe bien qué hacer con tipos como yo, y los empapela, entre paredes acolchadas y nos entrega a manos de un ejército de loqueros, para que claven su nariz, en nuestra masa encefálica. No sé qué coño buscan en la materia gris de lo demás, hay tipos aquí que guardan el infierno en sus neuronas, no yo. Comprendo y comparto la curiosidad de los loqueros. He desarrollado una afición morbosa por conocer los atávicos secretos de la mente, puerta dimensional, que se abre a infinitos mundos. Universos enteros de horror, o jardines del edén, y entre ambos un catálogo de incontables formas de equilibrio, o cordura, pero a solo un paso del abismo. Mi caso es claro, yo no estoy loco. No puedo evitar una carcajada, cuando digo << ¡Pero doctor! ¡Yo no estoy loco!>>. La mirada de los doctos es impagable. Guiso caliente de condescendencia, impaciencia, hastío, y un abismo de incredulidad por el que podrías tirar al mundo entero, como la mierda al retrete. Me rio, delante de sus batas blancas, sus acreditaciones de plástico, foto en miniatura, y aparatoso cargo, y su aspecto de serena y aguda inteligencia, que lo reducen todo a cuadros y trastornos. Cuadro de paranoia, cuadro de depresión, trastorno de esto, trastorno de lo otro, en fin, es su manduca, y se la ganan, he visto como han ayudado a otros pacientes. No a mí. La mente humana, laberinto intrincado de cristal de bohemia, donde pace el minotauro. Bioquímica perfecta, hasta que se rompe como ala de mariposa, y el bicho es incapaz de volar, y una mente que no vuela es comida por sus alimañas.  Mi esquizofrenia paranoide, es una etiqueta, es así, yo no estoy loco… rio, no puedo evitarlo. Mi cuadro real, debería ser: “Cuadro del no tenemos puta idea, que le hierve en el cerebro a este pirado”.

Hoy ha venido Geraldine García, una mujer interesante, una psiquiatra eminente. Brilla como venus en las noches de verano. “Mystère” es su perfume, una fragancia exquisita y a la vez discreta, para distancias cortas, de las que nunca he disfrutado. Hay una mesa de dos metros de largo entre ella y yo, además de un océano con dos orillas opuestas, que lo evita, y un marido posesivo, por lo que he creído intuir. Ella vive en la cordura y al otro lado, me han colocado a mí, bien lejos.  Si no fuera por esa enorme distancia, la invitaría a una copa, e intentaría hincarle el diente, intuyo que debe ser un excelente bocado. No me malinterpreten ¡Por favor! Ya les he dicho que no estoy loco, es tan solo una metáfora, del deseo erótico, y también de la empatía, y quizá hasta de algo más. Es la única de todos los loqueros que me tratan, a quien le he contado el secreto de lo que ellos llaman mi cuadro de esquizofrenia paranoide. Geraldine es amante de la literatura, y yo un ex profe de letras, eso nos hizo conectar. Una cosa lleva a lo otro, ella pregunta sobre mi estado emocional, yo le hablo de Shakespeare, ella pregunta por mi delirio mental, y le comento que pasa por mi “quijotera” y le hablo de Burgess, y así entre diagnósticos y literatura, al final se lo conté todo. Tendríais que haber visto su cara. Aunque no era para menos. Hoy me ha pedido que se lo cuente otra vez, ha desconectado la grabadora, que suele poner sobre la mesa, y me ha pedido que le largue mi pesadilla, así que aprovechad, también la conoceréis vosotros. Intentaré resumir, no quiero aburriros con detalles.

Verano del 81, fin de las clases, día de playa con el grupo de amigos del barrio, “Radio futura” suena con fuerza en todas las radios, “Divina estás”. Llegamos, extendemos toallas, algunos colegas se lían canutos, otros juegan a palas, o babean. Las chicas se ríen y coquetean, charlan animadamente y ojean revistas, extienden crema solar sobre su piel, cosa que me pone a cocer. Yo soy el raro, me encanta leer, abro un parasol, y un libro que llevo un mes queriendo leer, “Drácula” de Bram Stoker, maestro del terror vampírico, sensualidad, misterio y sangre. Me llaman el “guays”, que voy de listo, y de puesto, pero me mira una chica, y por dentro soy un flan. Lo compenso haciéndome el tío duro y el intelectual, es la puta verdad. Tengo quince años recién cumplidos, las hormonas más cabronas del universo, y una mente coctelera, ávida de aprender y sobre todo de leer, leo y me creo lo que leo. Las chicas se levantan, van a darse el primer baño, son tan sexis. Sigo sus siluetas hasta la orilla, y tragedia, soy Romeo y acabo de ver a mi Julieta. No se llama así por supuesto, se llama Steff. Stefanie, es alemana, una sirena del Elba, una valkiria de Jutlandia. Es morena, ojos de color ámbar, es perfecta, curvas suaves, elegancia, un sensual bikini rojo, marca el camino hacia mi perdición. Me enamoro, o lo que sea que suceda a los quince con el amor. Las chicas del grupo lo notan, soy el guais, me desafían, se ríen, dejo a Drácula preparando su banquete, en el castillo. Me levanto, y muerto de miedo por dentro, y aparentando lo que no soy, voy a por la sirena. Stefanie, habla español, su madre es española, veranea en la ciudad en casa de sus abuelos, no tiene amigos aquí, y bueno imaginad ¡Que imaginéis coño! Hay un verano que empieza con desesperación, los jodidos amores de quinceañeros son escalpelos diseccionando el corazón. Me enamoro como un loco, no duermo, ni me alimento, no puedo explicar ni como sobrevivo a tanta masturbación. Un buen día me besa, me muero de todo, de felicidad, y de terror, sudo saliva suya, cuando recuerdo los besos calientes del día anterior. Pechos rugientes, sexo empapado, nos lo montamos, minuto si, minuto también. Soy la envidia, la admiración, los colegas flipan, las chicas ahora ya me ven guay, están enamoradas de la moda juvenil, como yo. Es una historia perfecta, me da una foto, esbelta en su bikini rojo, la guardo en mi libro de Bram Stoker, que no he abierto desde que la conocí. En él escondo su piel suave, su cuerpo tostado que recorro con mis labios. Su belleza fresca, los secretos de su sexo, descritos en verso torpe, en el dorso de la foto. Y… ¡Redoble de tambores! y a la mierda todo, mi amor es aerotransportado a Hamburgo a mediados de julio. Puta desolación, invierno nuclear en mi corazón atormentado. Ella responde a un par de cartas, tono de amor atomizado, presiento el abismo, recelo. En agosto dos postales, tono muy amistoso, me apuñala lentamente. Abro las páginas de mi Drácula, su foto sigue ahí, el poema parece un niño muerto, ella deslumbra mi alma, la amo.

Finales de septiembre, carta larga, resumo; seamos buenos amigos, me destripa vivo, cuenta que viene en Navidad, podemos quedar, que ya me escribirá ¿Me da esperanza? ¿No tiene ni el valor para matarme rápido? Arranque de odio, e ira arrasando todo mi ser, vuelvo a su foto, la maldigo para siempre, le deseo todo mi dolor, que le rompan el corazón. Escupo sobre su imagen, tiro la foto dentro del libro, y tiro el libro sobre mi armario, ese será su sarcófago. Me hundo más rápido que el “Titanic”. Me enloquece perderla, promesas de amor en mares de tinta de “Bic” cristal, le envió cartas sin cesar, no me responde. Me desgarro, me desespero, me emborracho en fiestas, pruebo otros besos, pero no son ella. Aguardo la navidad, lloro a diario por dentro, la sigo amando y comienzo a odiarla por igual, quizá Papá Noel lo cambie todo. Te amo Steff, llega la maldita navidad, y ella no llega. Cada día en la oscuridad, una semilla de amargura que germina. Me ha convertido en un ser triste, sin ánimo, fumo porros y leo, soy pura literatura, no estoy hecho de carne. Soy un alma de papel impreso, que amarillea durante años, y naufraga en cada intento de amar a alguien, te odio Steff. Un odio como la bruma en un pantano, no pesa mucho, pero jamás se despeja. Ella sigue allí, dentro del libro, sobre el armario, que dejé en casa de mis padres, le deseo el sufrimiento que me ha hecho padecer.

Veinte primaveras más tarde, soy profe de literatura. Viaje de fin de curso ¡Alemania! Tres días en Hamburgo, estoy casado y tengo un hijo. Ya el odio juvenil, es solo resentimiento, decido buscarla, saber que ha sido de Steff. Un taxi me lleva a la dirección que apenas puedo leer en las ajadas cartas. Un hermano abre la puerta, pregunto, estupefacción, tristeza, té y pastas secas. Steff murió en noviembre del 81. Una anemia se la llevó, una extraña enfermedad de la sangre. Mi corazón se llena de profunda y sincera pena, cuanto odio sin sentido, amor juvenil es locura, y de pronto una idea absurda me consume. La maldije, la dejé con Drácula en su castillo, con su bikini rojo, su piel sensual. El libro sigue en lo alto del armario, en mi habitación en casa de mis padres. En días no me quito la idea de la cabeza, me corroe como si fuera una certeza, no puedo conciliar el sueño. A la vuelta, atravieso la ciudad desde el aeropuerto, llego a mi viejo cubil, madre se sorprende con mi rostro pálido y ansioso. Subo a lo alto de una banqueta, palpo encima del armario, ansioso, poseído por el pánico y la culpa. Tengo el libro, veinte años de polvo en la portada, paso rápido las hojas, sudo, hiperventilo, me falta el aire, hasta encontrar la foto. Veo la parte posterior, el verso sigue intacto, torpe, y ahora viejo, casi no me atrevo a darle la vuelta, y descubrir la imagen de Steff al otro lado, lo hago poco a poco.

Tengo la piel erizada, el horror ha paralizado un grito en mi garganta. Steff yace en la foto, un cadáver seco, del que emergen partes del esqueleto. Un rostro momificado, conserva aún sus rasgos. El cuello muestra la huella de las mordeduras, torrentes de sangre seca, fractales de terrible dolor descienden por su cuello, su agonía duró semanas. El terror en su ojos opacados por la muerte, sigue ahí, me mira, me señala, y me culpa. Me tambaleo, desciendo con el libro en una mano, la foto en la otra, caigo en una depresión, yo la maté. La maldije, la condené a morir en agonía lenta, carne y sangre en una orgía vampírica. Reconozco que pasé meses hundido, perturbado por la culpa. Guardé el maldito libro en mi armario de la sala de profesores, sin abrir, me daba pánico, y tampoco tuve valor para sacar la foto. Steff seguía dentro, indagué, y llegué a la conclusión que mi deber era rescatar del libro, su alma condenada. Me sumergí en un mundo tétrico. Mi depresión aumentaba, alimentada por la culpa, gasté dinero y visité a sórdidos personajes. Mi obsesión por liberar a Steff era enfermiza. Mi vida se iba a la mierda, pero finalmente conseguí darle paz a Steff. Lo vi cuando por fin su foto, pudo recobrar su aspecto, y desde su descanso eterno, me liberó de mi culpa. El precio fue muy alto, quizá más del que mi mente era capaz de soportar, pero me mantuve firme.

Mi mujer quiso arrebatármelo todo, y me habría dado igual, pero también quería apartarme de mi hijo, iba a perderlo sin duda alguna.  La muy bruja quería llevárselo con su nueva pareja. Los odiaba con todo mi ser, y como podéis imaginar acabaron con sus fotos dentro del libro, siiii …me libré de ellos. Steff había sido una víctima inocente, de la ignorancia, y de la locura del amor adolescente, pero estos dos me los cargué con sumo placer, y no fueron los únicos. El director de la junta escolar, que había insistido en despedirme. Una aprovechada que intentó limpiarme la cuenta, el director de mi sucursal bancaria, el mecánico dentista, el vecino del tercero. La lista iba en aumento, cuando un inspector de policía relacionó los casos, y los conectó conmigo, dio con el libro y las fotos que contenía y aunque no eran pruebas para condenarme, dieron con mis huesos en este centro para pirados. No siento culpa, liquidé a una panda de indeseables, y puedo demostrarlo, usureros, avariciosos, pederastas, habría sido un superhéroe si me hubieran dejado.

Como he mencionado, solo la doctora Geraldine García conoce la historia, ahora también vosotros. Lo que no os he dicho es que el libro, mi “Drácula” de Stoker, está bajo custodia de mis médicos. Las fotos yacen en algún almacén de pruebas de la policía, allí seguirán pudriéndose todos. Hecho que me hace feliz. Geraldine ha venido a escuchar de nuevo mi relato y los extraños fenómenos que lo rodean, algo que ha servido para haceros participes de ellos. También ha traído el libro, me ha dejado acariciarlo, parte de mi alma, la que odia y obra magia oscura, habita en él. Cuando me ha visto acariciar el libro, ha deslizado hasta mí, con una sonrisa cómplice, y llena de amor, la foto del tirano de su marido, al parecer últimamente se está volviendo violento. Geraldine se ha levantado de su silla, y ha atravesado el océano que nos separaba. Se ha colocado detrás de mí, he podido sentir la turgencia de sus senos en mi espalda, su perfume anuda un deseo común, sus manos sobre mis hombros, ocultan una caricia. Me ha susurrado una promesa. Me sacará de aquí, a mí y a mi libro, solo tengo que hacerla libre, y el mundo será nuestro. Como podéis imaginar, mi corazón late de amor por ella, y no me he podido negar. Adiós, y no olvidéis ser buenos chicos, hay tantas y tantas fotos vuestras por ahí.

Mik way. T ©

Para seguir explorando temáticas nuevas, hoy la historia de un personaje con un poder especial, no he podido reducir más este texto, falta de habilidad literaria sin duda, pero me gustaría al menos, que los que lleguen hasta el final, lo disfruten, escribirlo ha sido un placer, me movió a documentarme en distintos sentidos, y si lo disfrutáis habrá valido la pena, Un abrazo a tod@s ”’

12 respuestas a “Verano del 81, y algún verano más.

  1. ¡Wow!… me ha encantado. Sí está un poco larguito y yo me doy cuenta que la gente no quiere leer tanto, es una pena. A veces conscientemente en mis textos descarto los “muy largos” o de plano les hago cirugía, precisamente para que sean mas “leíbles”. Pero bueno, vamos tu relato: se me hizo buenísimo porque no pierde uno el interés en ningún momento, después conforme se va adentrando la historia y aparece el verdadero motivo por el cual está recluído, es como una bomba. Quiero decirte que el tono que empleas incluso con toques de humor está genial. La idea se me hace super original también. En resumidas cuentas me encantó. Ahora te contaré algo: una vez alguien me dijo que su familia estaba maldita y que sabían quién iba a morir porque en una foto familiar los rostros empezaban a desdibujarse. A mí me impresionó mucho. Así que esto que plasmas aquí no se, podría ser. La mente humana es capaz de muchas cosas buenas y malas. Bueno ahora la que me extendí fui yo y seguro tampoco es bueno los comentarios tan largos. Pero te repito: ¡muy buen cuento!

    Le gusta a 3 personas

    1. Hola Ana, gracias por tu lectura y tus palabras, a veces intentamos evitar los textos largos, para que sean mas acordes con la cultura de inmediatez, aunque no siempre es posible, y uno se deja llevar, bueno en cuanto a los comentarios largos, si son como el tuyo, bienvenidos sean jajajajaj, porque saber que alguien ha disfrutado de tu relato, es la mejor recompensa tras escribirlo, y en concreto tú lo haces aportando siempre puntos interesantes, una familia que tiene una foto que predice las muertes … ¡¡¡¡ como para no querer hacerse nunca una foto familiar jajajaj ,,,lo dicho Ana, gracias por pasarte, leer y comentar, un abrazote grandeee¡¡

      Le gusta a 2 personas

    1. Hola Mamen, bueno en cierto modo el mundo es enorme manicomio, y como escribí en un relato que por ahí anda perdido, a saber si son los de dentro quienes han de aislarse de los de fuera, jajajajaja, en este caso tu premisa es muy aplicable, por los personajes con los que la historia se enreda, gracias por tu lectura y tu comentario Mamen¡¡¡ Saludos🌹🌹🌹🌹✨✨✨😘😘

      Le gusta a 2 personas

  2. Muy buen relato,con un tema que da mucho juego,dado la complejidad de las enfermedades mentales en sí…
    Has logrado plasmar una historia que nos atrapa.
    Al principio nos puede hacer cuestionar la veracidad del diagnóstico,
    ante la negativa del protagonista de : “No soy un loco”Poco a poco y de
    forma gradual, las cosas van cambiando, hasta observar una conducta ,que logras describir de forma magistral, que no deja lugar a dudas de la enfermedad diagnosticada,
    en su forma más álgida.
    Felicidades por desarrollar el tema con talento, y esfuerzo en documentarte
    Un abrazo.👍👏🌹🕊

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola Susan Muchas gracias por pasar a leerte el relato y por tu comentario, es cierto que cada vez que escribo algo, intento documentarme un tanto, eso que se lleva uno porque te hace saltar de lado a lado de muchas temáticas, me alegra que hayas disfrutado leyendo la historia, y en realidad esta nos demuestra, que todo este mundo en el que vivimos es una locura. Saludos, un abrazoteee!!!🌹🌹✨✨✨👍

      Me gusta

  3. ¡Hola, Mik! No hay relatos largos o cortos, los hay aburridos y atrapantes. Y desde luego este que nos compartes pertenece a los segundos. Una historia que te va atrapando, de inicio con ese casi diálogo del protagonista con el lector y luego con esa deriva fantástica en torno al Drácula de Bram Stoker. Te aseguro que no me la esperaba y me ha entusiasmado cuando al enterarse de la muerte de ella ve la foto en el libro. Y todavía más cuando, al descubrir ese poder, aprende a usarlo, y por no hablar del final cuando la psiquiatra le pide ese “favor”. El relato crece conforme se lee y eso es genial.
    Además de ser un ejemplo de por qué los blogs son el medio más interesante de internet. Fantástico de verdad. Un abrazo!

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola David, de nuevo tu comentario es de los que pone viento en las velas, y los barcos a navegar, jajaja, muchas gracias, uno a veces duda porque sabe que los textos cortos suelen acumular más lecturas, y siempre gusta que llegue a mucha más gente lo que uno escribe, pero desde hace unas semanas, no lo pienso, solo trato de disfrutar escribiendo, y hacer que sean los que sean los que lean, también lo hagan.
      Corto, largo, que más dará, lo importante es disfrutar. Me alegra mucho que te haya atrapado la lectura del relato, y sorprendido, siempre es difícil sorprender, con todo lo que se escribe y se lee. Gracias . Un abrazo y Saludos David¡¡

      Me gusta

Responder a Ana Piera Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s