“El sueño de Abril”

Soy el novio de los sueños de los muertos, murmuran las voces de los que ríen, viven en los hogares de la memoria_ La voz que narra, en los acantilados de mi alma.

“Lo encontré en el filtro de la lavadora, era un pequeño fragmento de guerra desprendido de sus caricias. Un círculo perfecto lacado en negro, de un milímetro de grosor y con dos orificios para pasar la aguja y coserlo junto al ojal de una camisa. Una camisa de algodón puro, que sonaba en cada uno de sus pliegues, al tacto suave de un reloj de arena fina. Un sonido azul profundo como la voz que roban las olas a la garganta del mar. Lo arrancó de un solo tirón, fuerza pura y rabia desatada, estado compulsivo de la febril excitación. 

Sus bragas encalladas tras la puerta del comedor, eran como una chalupa abandonada, que se hubiera desprendido de una fatal explosión en la poderosa sala de máquinas de un gran barco. Un suculento pecio a la deriva, como su boca jadeante, en mi recuerdo, en ese extraño océano de terrazo gris, dónde se sumergió nuestra lujuria. Lo que quedaba del buque, de líneas delicadas y pelo arrebolado, capaz de navegar como si nada entre las aguas más furiosas del deseo, allí donde siempre andaban removiéndose mis sueños, elaborando espejismos con la vida.

Ahora apenas asoma la proa, la proa afilada de sus bragas aun cálidas y humeantes después de la explosión. No se ven supervivientes por ningún lado, solo el rumor, excitante de su respiración entrecortada, cabalgando sobre mis tímpanos, y dos cuerpos inertes, ahogados en la consumación de un turbulento deseo.”

Era el sueño de Abril, la recogí entrando en su garaje, todas las casas de la calle tienen garaje propio, muy propio de la clase de gente que vive en ella.

Un montón de bolsas de papel que llevaba sobre su pecho, cedieron bajo el goteo incisivo de la lluvia, y con ellas la membrana sutil que encarcela los sueños, cuando mis manos la ayudaron. Fue el detonador, el catalizador, de un encuentro que viví muchas veces, tras una mirada agazapada. No importaba que ese fragmento de vida se vistiera siempre con las prendas más sensuales del armario de las fantasías. Yo siempre lo soñaba de la misma manera, con una locura obsesiva, enamorado de una rutina inmaterial producto de mi subconsciente. Lo soñé infinidad de veces en todas las calles y avenidas de mi alma y de mi mente, pero sobre todo en ese lugar secreto que hay en el corazón de la cara oculta de la luna. Allí donde se refugia, la esperanza de los sueños y deseos, que la gente le confiesa en plena noche, a la intimista aparición de la luminiscente y milenaria confesora.

Es curioso, de tanto hablarle a la luna siempre acabas creyendo que la luna es solo tuya. Ella solo escucha, y guarda y mantiene su brillo fascinante. Fascinando, complaciendo, cautivando, sabe que su magia basta. La luna suele cumplir, y la vida al fin y al cabo es eso, la interminable lucha del todo por cumplir. Y la luna cumplió, jugó con el tiempo y el espacio, y desgarró las barreras, y nos colisionó.

Abril y sus bolsas rotas bajo la lluvia. Fue así de sencillo, en su primera mirada ante la puerta de su casa, en su mirada empapada, supe que vivía un beso. Un beso que yo había soñado, puede que incluso sembrado, y lo tomé en cuanto cerramos la puerta detrás de nuestras vidas. Las que se daban la espalda para cumplir con las norma y la cordura. Y así estalló el sueño de Abril, cuando arrancó el botón negro de mi camisa azul de algodón, y mis manos asaltaron la débil resistencia de su ropa interior. La soñé desnuda, atizando mi piel con sus labios corruptos, y así la tuve. La soñé, transformada en caricias que se nutrían del aire caliente que transpiraba mi cuerpo, y así la tuve y entre las brasas encendidas de su sexo, mis sueños tomaron cuerpo, y su boca insufló alma a mis sueños. Nos amamos hasta que se diluyó el cielo y la tormenta murió, y junto al sudario azul turquesa de aquél atardecer, una mirada fue suficiente para amarrar un pesado adiós a los labios. La miseria, llegó vestida de cordura, en sus ojos había destellos de rubor, de mezquino arrepentimiento, en los míos se formaba hielo. El sueño, estrangulado, entre palabras, se ahogó.

Más tarde, tras días de ausencia, tras cientos de miradas emprendiendo la fuga aprovechando la espesa humareda de la vida, hasta el cadáver del sueño se esfumó, se marchó a regañadientes, obediente, resignado, ensombrecido. Se quedaron mis recuerdos, mis noches frente a la luna, el éxtasis de cada fantasía, permaneció. La sobredosis de alegre búsqueda, el tacto idealizado de su cuerpo tenso, contra el mío. El camino de mis caricias, sobre las noches de excitante insomnio. El viento que precedió a la tormenta, eso siempre será mío. Quedó toda esa magia, y la magia me abrió caminos el resto de mi vida.

Mik Way. T ©

Foto Texto: Sippakorn Yankasi

Hoy publico este relato ( No sé si con acierto, porque a penas ha reposado) pero viene a iluminar esa idea, qué a veces es más valioso el tránsito hacia cumplir un sueño, que el propio sueño. Si veís algo más, o queréis comentar si os parece, o no, una premisa válida, comentadlo. Un Abrazo a tod@s ¡¡¡

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7 respuestas a ““El sueño de Abril”

    1. No, no siempre, y a veces uno piensa, ¿ será esa manía de modelar y proyectar la vida, o la esperanza en el futuro? Lo que deforma un sueño. Gracias por tu comentario Ana, lo aprecio mucho. 😀😀😘👍

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  1. Es sorprendente cómo un pequeño detalle, algo tan insignificante como para algunos pudiera ser un botón, puede desatar tantos recuerdos. Al escuchar una palabra, una frase de una canción, un olor, puede transportarnos a algún recuerdo de algo vivido o soñado, o quizás, porqué no, solamente deseado y acernos estremecer y revivir el momento. Me ha hecho recordar tu relato!

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  2. la memoria es un hada extraña amiga, ella tiene sus recursos para transportarnos a los momentos que considera importantes, o gratos, puede que oscuros, pero que forman parte de nuestra esencia. Gracias por tu comentario. 😘😘🌹

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