El oceanógrafo.

Foto: Pok Rie, Pexels

Los océanos, son aún parte inescrutable de una esfera que creemos conocer como rayas de la mano. Destino. Soy un chico de la calle hecho a si mismo. A golpes, y los golpes los di y me los llevé. Los golpes, son la vida, lo demás, es soñar, estornudar, joder, o ser hijo de una nube. Los vampiros no existen, mienten; las brujas nunca mienten. Solo la realidad, aplastante. Aplastante fue la paliza que se llevaron mis padres. Los muy miserables, a la puta calle, no pagáis el miserable alquiler, de la miserable casa, más os valdría, ser gente buena, cumplidora. La justicia es para todos, para todos, para todos, igual, igual de miserables. La justicia tiene cuchillo largo y balanza, como los narcos. No es una puta metáfora, coño.

Me largo de casa de acogida, curro. Soy un tío listo, estudio, y me llevan a pasar un día a la playa. El mar, el mar es libre. Nadie puede comprar el océano, nadie te echa del océano. Se me clava la obsesión en los riñones, no puedo orinar, si no me hago oceanógrafo. He frito carne; de vaca, de pollo, de cerdo, le saqué las tripas a bugs bunny, hice de todo. Miles y miles, y trapicheos, cientos de tontos, con cara de malotes, compran y me pagan la carrera. Las escamas de los peces, el coral sobre la arena, las perlas de almejas desdentadas. Pulpos listos, tinta negra, caballitos retorcidos, fitoplancton, zooplancton, lampreas, sociedades milenarias de tipos libres. Agua salvaje, coraje y carácter rebelde. Joderos. Nunca, nunca, jamás me echarán de aquí. Buceo, simas, escarpados acantilados. ¿No os lo dije? Soy doctor, soy ateo, soy acero. Me hundo, en mi precioso, amado, océano, me fundo a negro, como el beso que una vez me dieron, no recuerdo donde. Corazón, astillado, feliz, magreado. Sangro huesos si no estoy con ella, pero se va y yo al mar.

La sima es oscura, desciendo, hay ruinas, hay caras en la roca, hay monstruos navegando a sus anchas. Hay muerte y hay vida, ni un ápice de luz, barrancos y más barrancos, no hay donde poner un pie. Hay algo terrible ahí, en lo profundo. Mi carne tiembla, sé que significa el miedo. La presión puede matarte. Desciendo, hasta que ya no puedo más, temo perderme. Temo no saber, no querer volver. Abro los ojos rodeado de oscuridad, empapado en sudor, tiritando, en esa noche infinita; lo perturbador no conoce la piedad. Soñé que estaba en las tripas del océano, pero no… no, solo soñé que caminaba por el interior del alma. El alma, la mia, tampoco me echareis de aquí.

Mik way. T ©

Hay días que no sé porqué, pero solo puedo respirar si escribo, cosas como esta. Yo las llamo mis inutilidades, jajaja Saludos a tod@s

9 respuestas a “El oceanógrafo.

  1. Muy buen relato,con matices poéticos.Una forma de denunciar situaciones difíciles por la que todos podemos llegar a pasar.Dónde se hace más visible un sistema que ahoga y machaca sin piedad…
    Ese océano que parece ser la liberación ,librándonos de esas obligaciones y presiones
    a la que nos vemos sometidos en tierra firme…
    Mucha suerte 👍🐘🐘
    Un abrazo🕊🌹🕊

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    1. Hola Susan Muchas gracias por tu comentario y lectura, me alegra que te haya gustado el formato, es una forma de plantear un relato, sin más, tal como viene. Un abrazote bien grandeee¡¡¡🌹✨✨

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