El coche inteligente


Hoy por primera vez en mis cuarenta y un años de existencia sobre este mundo, he comprado un auto de primera, primera. Lo he sacado de un sueño, después de pasar media vida relamiéndolo. Ha salido brillante como collar de diamante, por la puerta del concesionario. Es un cupé de cuatro puertas, azul turquesa, esperé un mes para el color. Y… es un superdotado. Un híbrido, con el motor eléctrico con más autonomía del mercado. Cambia las marchas por instinto; los retrovisores, funcionan con tecnología giroscópica. Los frenos actúan según cálculos del ordenador de a bordo, se detiene por sí solo y con total seguridad, en cada semáforo rojo, y arranca a mi orden, con solo pedirlo al ponerse verde el disco. Además, posee un sistema, de guiado automático que optimiza los trayectos y el consumo de energía. Mi coche tiene ética, detecta un ser vivo a cientos de metros y adopta un sistema de conducción segura, analizando los posibles riesgos de colisión o cualquier otro imprevisto, para no dañarla. Mi coche también tiene conocimientos de medicina, es capaz de tratar cualquier emergencia, no solo al conductor, sino a cualquier pasajero del vehículo, mi coche salva vidas. Es un gran conversador, puedes hablar de cualquier tema con él, así, si tienes que hacer un largo trayecto y no quieres ceder la conducción te acompaña con una amena charla, como un buen copiloto. También es masajista, y fisioterapeuta, y mientras hace todo eso, mi coche piensa, tiene opiniones, debate con soltura. Si pudiera saciar mis necesidades biológicas primarias casi que podría casarme con mi coche. Como he dicho, es el coche con el que llevo soñando durante años.
Anoche tuve un sueño. Caminaba por las calles de la ciudad. Las calles presentaban un aspecto apocalíptico, como sí hubieran sufrido el efecto devastador de una gran revuelta; fuegos, tiroteos, destrozos y restos de cuerpos y sangre por doquier. Sentía miedo. Buscaba mi cupé turquesa, para salir a toda prisa de aquel dantesco escenario. No tardé en encontrar mi radiante coche, ocupé el asiento del piloto y cerré la puerta, suspiraba tranquilo, me sentía a salvo en el interior. Me preguntaba que podía haber causado aquel desastre. La respuesta apareció reflejada en mi retrovisor giroscópico. Una horda zombi. Si, una horda zombi. Tenían un aspecto nauseabundo, cubiertos de sangre fresca que brillaba bajo la luz del sol. Algunos padecían monstruosas mutilaciones, pero caminaban, y formaban un espectral coro de lamentos y rugidos, propio de animales rabiosos. Arranqué mi cupé, los zombis se acercaban, pero eran lentos, no podrían competir con mi auto. El coche arrancó, bramido de tigre, resonando entre los edificios, con un poderoso eco que parecía torturar al cerebro de los zombis. La horda se estremeció bramando enloquecida, y comenzaron a moverse más rápido en mi dirección. No debí haber azuzado a esos monstruos, pensé, pero tengo un coche rápido. Pisé suavemente el acelerador, para salir de allí. Me sentía seguro y tenía motivos para ello. El coche rodó suavemente, y de pronto se paró. La detección inteligente alertaba de alto riesgo para formas de vida circundantes. La horda se acercaba, estaba apenas a unos metros. Traté de arrancar el maldito coche, nada, se quedó allí, obstinado como una burra vieja. Claro, al puñetero coche no se lo iban a comer. Había detectado vida circundante y no se movió. Cabrón ¿ como le explico a mi coche que los zombis son muertos vivientes? La angustia me subió por el cuello, sentí como sí me estuvieran ahorcando con un alambre. Traté de debatir con mi coche hacerle comprender que la única vida que corría peligro era la mía, pero fracasé. Pensé que tal vez si permanecía quieto en el interior de mi coche, podría salvar la vida. Estaba sudando a chorros, mi pulso era una metralleta escupiendo adrenalina, cortisol, lo que fuese que el terror inyecta en la sangre, cuando se apodera de tí. Entonces, mi coche reaccionó. Una alarma que jamás había escuchado se activó y escuché su voz grave y melodiosa << Hay vida en peligro, formas de vida agonizantes, procedo a abrir las puertas para prestar la debida atención medica>> ¡ El muy hijoputa! Los zombis irrumpieron en el cupé. Un grito de horror emergió de mi garganta, después un chorro de sangre mientras los dientes de aquellos despojos se clavaban en mi carne, grité desesperado mientras me despedazaban, y escuchaba al estúpido de mi coche llamando a emergencias. Aún estaba vivo mientras uno de ellos hundió sus dientes en mi abdomen y me arrancó las tripas tirando de ellas de un solo mordisco. Mi alarido de dolor me trajo de vuelta de aquella pesadilla. Desperté aterrorizado, empapado en sudor en medio de la noche bajo mis sabanas revueltas, paralizado de miedo, y con el corazón atascado en la garganta.
Las posibilidades de que un sueño sea premonitorio, y se cumplan sus predicciones, son de una entre un millón. Las posibilidades de que un sueño premonitorio, sobre un apocalipsis zombi, se cumplan, se elevan a una entre cien mil millones. Esta mañana a primera hora he llamado al concesionario; << Quiero que mi coche deje de ser tan listo, sí, eso, menos cognitivo…, a veces tanto pensar… ¿es posible? Bien, gracias.>>

Mik Way. T ©

8 respuestas a “El coche inteligente

  1. Jajaja! Muy bueno…a veces lo demasiado perfecto resulta no tan deseable. Me encanta el detalle de los zombies pues soy fan de todas las películas y series donde hay zombies. Saludos Mik!

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    1. Hola Ana, me alegra que hayas disfrutado, yo me divertí escribiéndolo por lo paradójico de todo el relato, y por esa influencia del sueño en nuestras vidas, que yo creo que ni siquiera sospechamos, un gran abrazote cuídate¡¡¡

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  2. Hola, Mik! Qué genial el relato. Un ejemplo de cómo la tecnología se vuelve en contra de lo humano. Muchas veces he pensado que estamos condenados a la racionalidad de los programadores y gentes varias de sistemas que se impone en muchas aplicaciones y nos limita muchas veces. En este caso el protagonista padecía a su auto, pero en realidad, padecía a las mentes que no habrían previsto todas las posibles situaciones que da la vida.
    Muuuuy bueno!
    Abrazo

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    1. Hola Mirna, si es cierto entregamos nuestras decisiones y nuestra mente a la tecnología, confiamos en que por si sola de todo nos ha de salvar, pero el protagonista, con algo tan etéreo en apariencia como un sueño de improbable cumplimiento, decide que no ha de ser así, muchísimas gracias por tu comentario, un abrazo grande¡¡

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    1. Holaaaa totalmente de acuerdo contigo, hay que empezar por conductores inteligentes, y no dejarle todo a un ordenador porque legará un dia que sin un asistente virtual y una tablet no sabremos usar un puñetero palillo de dientes jajaja. Gracias por pasarte y por tu comentario. Saludos, un abrazo¡¡

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